Alejandro Pérez Becerra

Cuando traté de organizar mi vocabulario pictórico estético, busqué primero los temas mas remanidos en la historia de la pintura: el desnudo, la naturaleza muerta y el paisaje.
Alberto Giacometti dijo que con un plano y tres manzanas que se pasearan por el mismo, podría hacer la obra mas importante de la pintura contemporánea: creó un espacio único, totalmente distinto al de Francis Bacon, ambos creadores de los espacios más representativos del encierro psicológico.
Yo sigo probando, es lo que hago con mi obra gráfica, pero cuando se llega a destrozar ciertas formas, entran los miedos y después como los nenes uno vuelve a «lambetear» el chupetín de la figuración más ceñida, con todos sus vicios. En los inicios, traté de mostrar eso que los antiguos llamaron el trampantojo (la trampa del ojo), la mentira de la figuración (en el plano) y la falsedad de la perspectiva albertiana. La única forma, una vez hecha la trampa (el cuadro), era tachándola, escribiéndole arriba, con cruces y círculos que nos remitieran otra vez a la bidimensionalidad de la pintura. De ahí lo doble: la doble firma, las equis, los círculos, los números. Son sólo un juego estético, que no remite a nada. Este juego lo usaron muchísimos pintores de la contemporaneidad, desde Pablo Picasso, Francis Bacon, Antonio Seguí y David Hockney.
En la búsqueda de la poesía, los temas pasan por donde siempre: el amor, la infancia, la soledad, los cruces y la pregunta: ¿cómo lo digo para que suene nuevo y que, esta vez, parezca verdad?

Alejandro Pérez Becerra